Empecé muy joven en la hostelería, incluso antes de la edad legal.
Todo comenzó en Formentera, donde descubrí algo que me atrapó desde el principio: el vino. Me fascinaban las botellas, las etiquetas, organizar la cava… sin saberlo, ahí empezó todo.
Fui creciendo en restaurantes entre Formentera y Valencia, cada vez más ligado al vino. Pero en ese momento todo era bastante limitado: Rioja, Ribera, Albariño, Verdejo… y poco más. Me gustaba, pero sentía que faltaba algo.
Ese “algo” lo encontré cuando me fui a Londres.
Llegué sin saber inglés, fue duro, pero me cambió la vida. Trabajé en una de las vinotecas más importantes del Reino Unido, me formé (WSET) y descubrí el vino a nivel internacional. Ahí entendí todo: estilos, regiones, filosofías… y también me di cuenta de una realidad clara: en España faltaba apertura, cultura de vino y, sobre todo, criterio.
En esa etapa descubrí las membresías sorpresa, y ahí empezó a formarse la idea. Pero tenía algo muy claro: había que unir el vino con el increíble producto gourmet que tenemos en España.